REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD BICENTENARIA DE ARAGUA
VICERRECTORADO ACADÉMICO
DECANATO DE INVESTIGACIÓN, EXTENSIÓN Y POSTGRADO
SAN JOAQUÍN DE TURMERO - ESTADO ARAGUA
GEOPOLITICA PENAL LATINOAMERICANA
PROFESOR:
DOCTOR:
BENNY MARQUEZ
INTEGRANTE
ABOGADO: JOSE MANUEL BARBOSA VELAR
C.I: 8.670.440
Resumen Geopolítica
En el presente
informe se plantea todo lo referente a la geopolítica penal latinoamericana,
proyectando la problemática y dando un enfoque a las políticas que presentan
los estados de Latinoamérica, porque son ellos los protagonistas en los cambios
que van a transformar y hacer valer la justicia en la lucha contra la
delincuencia. En la búsqueda de bajar los índices delictivos en Latinoamérica y
buscando resultados para prevenirlos, se están organizando para la creación de
una corte penal latinoamericana y del caribe y que sería el principio de la
unión para el control de los grupos que intentan cometer delitos más allá de
las fronteras.
Geopolitical summary
In this report, everything
related to Latin American criminal geopolitics is presented, projecting the problem and giving a focus to the
policies presented by the Latin American states, because they are the
protagonists in the changes that will transform and enforce justice in the
fight against crime. In the quest to
lower crime rates in Latin America and searching results to prevent them, they are organizing for
the creation of a Latin American and Caribbean criminal court and that would be
the beginning of the union for the control of groups that try to commit crimes
beyond of the borders
INTRODUCCION
En el presente trabajo, se expondrá un
análisis acerca de la GEOPOLITICA PENAL LATINOAMERICANA, con el objetivo de
poner atención a problemáticas que se ha desarrollado en el transcurso del
tiempo en los Estados, como son los casos de grupos delictivos y narcotraficantes,
trata de personas, evasión de la justicia en el paso de fronteras, tala de árboles
entre otros aspectos que se han convertido en un potencial riesgo para los
Estados y sus habitantes.
Lo que se busca es organizar más a los
Estados miembros o no miembros de organizaciones, para prevenir y controlar los
delitos. ¿Cómo controlar el delito? ¿Qué hacer como Estado garante de la
justicia? Estas y otras interrogantes se harán saber en el transcurso de este
trabajo. Se pretende dar más enfoque a la realización de una corte penal que
intervenga en los delitos en Latinoamérica.
GEOPOLITICA PENAL LATINOAMERICANA
Desde que el
hombre dio sus primeros pasos sobre la Tierra, buscó sentirse seguro. Siendo
el más indefenso de los animales, su sobrevida dependía del abrigo,
el calor y la comida que otros le daban. Había nacido débil y se hacía más
humano en el contacto con otros animales humanos que lo protegían, lo
alimentaban y lo vestían.
Las tribus
enfrentaban continuas amenazas de extinción, por catástrofes naturales o por
hambrunas. Pero la amenaza más destructiva provenía del primordial dilema de
seguridad, el ataque de otros que temían ser atacados. Aunque la guerra
anticipatoria es el más avanzado recurso de la posmodernidad, la guerra
preventiva es tan antigua como las estrellas. Todos atacaban previniendo
ataques, escaseaba la comida pero la seguridad ya estaba allí presente. Antes
que la seguridad de las personas, fue la seguridad de la comunidad primitiva.
Afuera todo era incierto, adentro todo pretendía ser seguro. Varios siglos después todos nos sentimos inseguros,
afuera y sobre todo adentro: los Estados, las sociedades y los individuos. Ya
no es la guerra de todos contra todos, que tanto preocupó a Hobbes, pero no es
aún la convivencia pacífica de todos con todos. Cuando el orden parece
desmoronarse el caos es aún más difícil de descifrar.
La idea de
Estados homogéneos, contenedores de una sociedad nacional constructora de
consensos e históricamente pura, está fracasando ante nuestros ojos. No todos
somos iguales ante la ley y la ley no es la misma para todos. Nuevamente el
problema es el Estado y el retorno de la eterna pregunta de la política ¿por
qué obedecemos?. Cuando la ley del Estado pierde el carácter normalizador e
invisible con que fuera originalmente concebida busca recuperar autoridad
acentuando su carácter coactivo, penal y criminal. Maquiavelo explica el
surgimiento del Estado como la epopeya de un príncipe vencedor tras haber
obtenido una victoria duradera al fin de la guerra civil originaria, donde la
distinción entre lo justo y lo injusto era borrosa e interesada. El Estado
entra ahora nuevamente en guerra, como un actor criminal más. Sin ley, todo y
nada es delito.
Max Weber
definió al Estado como “la comunidad humana que en un territorio determinado
reclama para sí con éxito el monopolio legítimo de la violencia”. Afloran en la
definición cuatro elementos constitutivos del Estado moderno: monopólico,
territorial, coactivo y estable. Pueden mencionarse otros aspectos, como la
comunidad humana o la legitimidad, de menor importancia para nuestro análisis,
porque la comunidad humana hace referencia a la nación y constituye un
ingrediente débil de la definición mientras la legitimidad no es un elemento
esencial del Estado, el cual puede existir sin ser legítimo, como los Estados
totalitarios o autoritarios. El concepto de monopólico se refiere al monopolio
de la violencia, cuyo objetivo es constituir un poder político único sobre un
territorio determinado, sólo un centro de poder hacia adentro, ningún otro
poder desde afuera. Este monopolio constructor de soberanía justifica la
existencia de la seguridad interior y de la defensa exterior.
Territorial
significa que este monopolio soberano de la violencia y del poder se ejerce en
un territorio determinado, concreto y específico, demarcado por fronteras que
separan el interior del exterior y tabican la sociedad nacional. Dentro de esa
frontera se establece un territorio social liso, que no admite diferencias (un
centro armado de poder, una moneda, una religión, un idioma, una historia
nacional, una educación). Al exterior de esa frontera se alzan los otros
Estados, siempre peligrosos, frente a los cuales la guerra es un recurso
frecuente y fundante.
La mención del carácter coactivo del Estado indica que
la violencia es el mecanismo de constitución del territorio que permite la
nivelación al interior y la independencia al exterior, la victoria duradera
tras una guerra civil originaria. Esa victoria fue en un doble escenario:
contra potencias extranjeras primero y contra sublevaciones interiores después.
Las independencias latinoamericanas frente a los imperios europeos fueron
sucedidas por guerras civiles contra poderes interiores. El carácter coactivo
obtenido por el vencedor constituye al Estado y trae paz, mediante la
distinción entre lo justo y lo injusto, imposible de dilucidar en la etapa de
guerra de todos contra todos. El término estable se
refiere al concepto originario de “stato”, el estatus medieval que se vinculaba
con el poder del monarca (status regis) o con la situación del reino (status
regni), consideraciones que luego pasan a concebirse como una concentración de
poder separada y objetivada institucionalmente, lo que hoy conocemos como
Estado.
En 1948, la
Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU dio un marco institucional. Sin embargo, fueron muchísimas
las fuerzas sociales que se movilizaron en este mismo sentido, entre ellas, el
Movimiento Federalista Mundial, nacido en
1947 bajo la consigna “Paz mundial a través de un estado de derecho
mundial”. La guerra de Corea y la división del mundo en dos grandes bloques
postergaron la concreción de estos sueños, que llevaban directamente a la idea
de una Justicia universal y la creación de tribunales que se ocuparan de su
aplicación práctica. Pasaron décadas en las que la Guerra Fría hizo imposible
todo paso adelante en este sentido; hasta que la caída del muro de Berlín y,
desgraciadamente, las masacres de Ruanda y la Ex Yugoslavia llevaron a la
comunidad internacional retomar la idea de tribunales internacionales necesarios
para juzgar a quienes habían cometido crímenes de lesa humanidad, como había
sucedido en Núremberg después de la Segunda Guerra.
Una vez que
los tribunales ad hoc para Ruanda y la ExYugoslavia cumplieron su cometido, la
idea de crear una corte permanente que no fuera un simple tribunal de los
vencedores sobre los vencidos volvió a formar parte de la agenda política
internacional. La participación de la sociedad civil y la voluntad de muchos
gobiernos de países que compartían estos principios fueron el punto de partida
de un largo proceso, en el cual la Coalición por la Corte Penal Internacional,
un grupo que reúne hoy a 2.500 organizaciones gubernamentales de 150 países
tuvo un rol decisivo.
Latinoamérica no estuvo ajena. Muchos de sus
gobiernos participaron activamente de la redacción Estatuto de Roma y
adhirieron a él de forma inmediata, en tanto organizaciones de la sociedad
civil de todo el continente participaban activamente del proceso. Desde su
entrada en funcionamiento, en el año 2002, la Corte Penal Internacional ha
cumplido un importante rol en el castigo a las violaciones de los derechos
humanos, desempeñando además un rol contrario a la repetición de esos crímenes,
que fueron particularmente graves en nuestra región durante los años Setenta y
Ochenta, cuando el terrorismo de Estado causó miles de muertes y
desapariciones. Sin embargo, basta mirar el panorama existente en nuestros
países para observar que los mayores desafíos a los derechos humanos en nuestra
región no provienen ya de organizaciones estatales ni de crímenes de carácter
político como los definidos por el Estatuto de Roma, sino por crímenes
cometidos por organizaciones de tipo mafioso. Estos grupos, que han adquirido
escala regional, se especializan en delitos que no constituyen crímenes de lesa
humanidad ya que sus objetivos no son políticos sino el afán de lucro. No puede
aplicárseles, por lo tanto, el Estatuto de Roma. Sin embrago, desde la frontera
de México con los Estados Unidos hasta la Tierra del Fuego, los crímenes cometidos
contra la población por las organizaciones mafiosas constituyen la principal
agresión a los derechos humanos de los ciudadanos latinoamericanos. Se trata de
crímenes violentos organizados desde redes de narcotraficantes, como la trata
de personas, el sometimiento a la esclavitud de mujeres para actos de comercio
sexual y de migrantes para esclavitud laboral, así como el tráfico de armas y
el lavado de activos, especialmente, el asociado a la corrupción política. Al
triste récord de ser la región socialmente más desigual del mundo,
Latinoamérica ha agregado el de ser la región con mayores niveles de violencia
criminal del planeta.
La situación
en México, el crecimiento de las maras centroamericanas, la cooptación de
vastos sectores de la política y del estado y el auge de la violencia criminal,
el tráfico de armas, drogas y personas forzadas a la esclavitud laboral y
sexual en el resto de los países configuran un problema regional de enormes
repercusiones negativas en la vida de los ciudadanos latinoamericanos. Lenta,
pero inexorablemente, la proliferación de grupos dedicados al crimen
transnacionalmente organizado se está constituyendo en el principal problema
social de la región, en una amenaza para la democracia y en el principal freno
a su desarrollo económico.
Lamentablemente, los únicos que parecen haber
comprendido el carácter global del mundo en que vivimos y logrado estructurar
sus organizaciones con una lógica que supera las fronteras nacionales son los
delincuentes. Redes de protección internacionales esconden en otros países a
prófugos de la Justicia, sistemas de colaboración entre organizaciones
criminales operan globalmente, existe ya un intercambio mundializado de
información, drogas y armas, y las mafias interconectadas en la región y el
mundo son estrategias concretas y en acto que reducen a la impotencia a los
sistemas nacionales de persecución del crimen organizado. La violencia criminal
y sus consecuencias sociales se han convertido hoy en parte central de la
agenda política de nuestros países; las desigualdades en términos de seguridad,
en el principal factor de discriminación social en la región; y el crimen
organizado, en la más importante fuente de conflictos y la mayor amenaza a los
Derechos Humanos.
Frente a la
proliferación de organizaciones criminales estructuradas regionalmente y con
poderosas conexiones con sus similares de otros lugares del mundo como la mafia
siciliana, la ndrangheta calabresa y las mafias rusas y chinas los mecanismos
nacionales de seguridad se demuestran cada vez más insuficientes y subordinados
a poderes políticos impotentes, cuando los corruptos y cómplices. En vez de
constituir una ventaja en términos de eficiencia, la cercanía de los
tribunales, fiscalías y fuerzas de seguridad nacionales respecto de los lugares
en que se consuman los delitos los deja a merced de la corrupción y de las
amenazas del crimen organizado, limitando su esfera de actuación a la
persecución de la criminalidad menor, sin posibilidad ninguna de impulsar el
desguace de las organizaciones criminales mediante el encarcelamiento de sus
dirigentes y la confiscación de sus bienes. El problema de la criminalidad
organizada no es un problema nacional, sino regional. Los problemas regionales
requieren políticas regionales. Y las políticas regionales requieren
instituciones regionales para no quedar a merced de los desequilibrios de poder
entre las naciones y las consecuentes arbitrariedades internacionales, ni de la
inoperancia de los poderes estatales localizados. Por su índole frecuentemente
internacional y transnacional, casi todos los delitos que cometen las
organizaciones criminales están comprendidos en la Convención de la ONU contra
el Crimen Transnacional Organizado, o Convención de Palermo; un compromiso
firmado por todos los países de la región que obliga a sus gobiernos a
perseguir estos crímenes y castigar a sus ejecutores.
Geopolitica de la seguridad
La historia
nos enseña que en la vida de los países hay errores caros provocados a veces
por la ignorancia, a veces por la arrogancia y a veces por la mala suerte. Sin
embargo, con demasiada frecuencia, los errores son el resultado de una falta de
prospectiva. En una época rápidamente cambiante como la nuestra, la prospectiva
suele considerarse un lujo. Los gobiernos, en particular, tienden a centrarse
en urgencias de corto plazo que son producto de las encuestas, las tasas de
interés, los conflictos, las necesidades sociales, los precios de las materias
primas o los desastres naturales. En tiempos normales, es poco probable que los
representantes elegidos dejen de centrarse en éstas demandas para tener en
cuenta riesgos o tendencias de largo plazo que podrían tener un impacto en la
generación siguiente. Sin embargo, no vivimos en tiempos normales.
La teoría
planteada por la geopolítica de la seguridad se refiere a la mejora de los
indicadores de estatalidad del Estado y también a las determinaciones que el
territorio ejerce sobre las personas y las comunidades, liberándolas de la
presión criminalizada del Estado y construyendo una ética territorial de
derechos. Es sabido que la seguridad tiene dos dimensiones, la dimensión
objetiva y tangible, de la que normalmente existen indicadores cuantificables;
y la dimensión subjetiva, vinculada a percepciones sobre la posibilidad o
riesgo de ser víctima de algún delito y que por su misma razón de ser es
difícil de cuantificar.
Los diversos
niveles de criminalidad, entendidos como mediciones estadísticas de conductas
observables, son un dato objetivo, al igual que otras variables contextuales
como la vulnerabilidad social, la falta de vínculos familiares, las agresiones
no delictivas o la incertidumbre frente al futuro. La percepción de inseguridad
es el aspecto opuesto, referido a cómo se construye subjetivamente la realidad,
en base a información, propaganda e ideología. La brecha entre ambas
dimensiones se profundiza en las sociedades latinoamericanas, con una población
que se siente crecientemente insegura en contextos de inseguridad cambiantes.
La seguridad no se refiere simplemente a indicadores de crímenes, sus
consecuencias, su contexto y sus percepciones, sino que va mucho más allá de
estas variables objetivas y subjetivas, abarcando una problemática compleja,
amplia y multidimensional.
Esto implica
la necesidad de establecer una diferencia entre la política criminal, que
siempre trabaja con el delito, y las políticas de seguridad que tienen un
ámbito de acción, especialmente en lo preventivo o disuasivo, que puede estar
vinculado a conductas no calificadas como delitos. Lo que llamamos fenómeno
criminal o criminalidad no es una realidad natural sino el entrecruzamiento de
fenómenos culturales (conflictividad) y políticas estatales (procesos
criminales).
Desde la
vieja escuela clásica de César Beccaria hasta hoy se ha colocado al orden y la
ley como sinónimos y como paradigmas dominantes del funcionamiento de una
sociedad a la que se terminó denominando Estado de derecho. Según esta visión,
todo conflicto implicaba un "desorden", una anormalidad, convirtiendo
al fenómeno criminal en una desviación social o un desequilibrio del orden
social. En consecuencia toda política de seguridad debe buscar el
restablecimiento del "orden" perdido. Mediante esta concepción la
criminología clásica y positivista justifica el nacimiento moderno de las
fuerzas policiales como encarnación del monopolio legítimo de la violencia.
Esta ecuación, llena de falsedades, sustentó con mucha simpleza e ineficacia
las políticas de seguridad, suponiendo que la sociedad es ordenada y que la
normalidad es un bien universal, afirmaciones que la geopolítica de la
seguridad desmiente.
La
territorialidad es el principal componente de los análisis de seguridad, dentro
de los cuales los insumos cuantitativos son un instrumento imprescindible para
la comprensión de la realidad, pero no la definen automáticamente. En términos
de seguridad la realidad debe ser significada mediante la incorporación de la
dimensión territorial, o sea geopolítica. Los homicidios, vistos dentro de un
panorama completo de seguridad que incluya todas las problemáticas, son parte
de una territorialidad que circula permanentemente ida y vuelta entre Estado y
sociedad, o sea entre las instituciones de seguridad y las organizaciones
criminales. No hay delito sin Estado
pero si hay Estado no hay delito. Recuperar la estatalidad mediante la
ocupación del territorio aumenta la seguridad y mejora los indicadores, en una
región donde sólo el 1.6% del territorio urbano está perdido. Es poco
territorio, pero es mucha territorialidad.
La violencia
en América Latina no es un relato simple y acumulativo sino la expresión de una
región de desarrollo intermedio, fronteriza con Estados Unidos, donde se
encuentran dos potencias emergentes (Brasil y México), llena de desigualdades y
pujas por la distribución de la renta.
Los
antecedentes, especialmente intelectuales, de la integración regional en
Latinoamérica, se remontan al siglo XIX. En la primera mitad del siglo XX hubo
una serie de intentos relevantes en los países de Centroamérica. Pero una de
las etapas de mayor impulso de la integración se dio luego de la segunda
posguerra. Para recorrer las distintas organizaciones que se han creado, con
sus distintas etapas, las clasificaremos en tres grupos: organizaciones de
integración a nivel regional, a nivel subregional y acuerdos entre países, o
grupos de países, de la región y otros países o áreas. Con respecto al primer
grupo de la clasificación, encontramos que en 1960 se funda una organización de
amplio alcance que fue la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc).
Esta asociación, a través de su sucesora, la Asociación Latinoamericana de
Integración (Aladi), concretada en 1980, se encuentra activa al día de hoy. En
1975, asimismo, se crea el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe
(SELA). En cuanto a las instituciones subregionales y luego de una serie de
antecedentes previos, en 1951 se crea la Organización de Estados
Centroamericanos (Odeca), seguida en los años sesenta por el Secretariado
Centroamericano para la Integración Económica (Sieca). Posteriormente, /
Marcelo F. Resico | Procesos de
integración en Latinoamérica capa. Sistema de Integración Centroamericana
(SICA) se constituye en la organización económica, cultural y política de los
Estados de Centroamérica desde su inicio en 1993.
En los años
que van de 1965 a 1972 funciona la Asociación de Caribeña de Libre Comercio
(Carifta), que fue sucedida por la actualmente vigente Comunidad del Caribe
(Caricom), establecida a partir de 1973. En el Cono Sur se funda en el año 1969
el Pacto Andino, que se relanzaría con un nuevo nombre, Comunidad Andina de Naciones
(CAN), a partir de 1996. A partir de un acuerdo de Cooperación Económica
Argentina-Brasil de 1985 se sientan los antecedentes de lo que sería el
Mercosur, establecido formalmente a partir de 1991. En el año 2001 se da lugar
a la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América
(ALBA). En el año 2000 comienzan las tratativas para una unificación de los
procesos de integración en el Cono Sur, CAN y Mercosur, que darán lugar a la
Unasur en 2008, cuyo antecedente es la Declaración de Cuzco (2004), que
establece la creación de la Unión de Naciones de América del Sur.
Con respecto
a las relaciones entre Latinoamérica y otros países o regiones, luego de una
serie de antecedentes en la relación entre Latinoamérica y el Caribe y la Comunidad
Europea se estableció la institución de las Cumbres UE-Latinoamérica y Caribe
(UE-LAC), de las cuales la primera se celebró en Río de Janeiro en 1999.
Asimismo, las relaciones económicas entre la UE y los países de Latinoamérica
se basan en una serie de acuerdos ya sea bilateral o regional. En el año 1994
se establece un acuerdo de libre comercio entre México, Estados Unidos y
Canadá, denominado TCLAN o Nafta. A partir de entonces se desarrollan una serie
de tratados de libre comercio entre Estados Unidos y otros países de
Latinoamérica como Chile 2003, el denominado CAFTA- RD en 2007, Colombia y Perú
en 2007. A partir del año 1991, asimismo, se realiza la Cumbre Iberoamericana
de Jefes de Estado, que dio lugar a la Comunidad Iberoamericana de Naciones.
En el
desarrollo pasado y presente de estas formas de integración en América Latina y
el Caribe es importante destacar la capacidad y el potencial para generar entre
los países participantes una relativa confianza recíproca, reglas comunes,
redes sociales y empresarias con intereses y símbolos comunes. También han
abarcado el diseño de estrategias para la obtención de ganancias mutuas en
términos de comercio de bienes y servicios, de inversiones productivas e
incorporación de progreso técnico. Finalmente, estos procesos implican la construcción
de un espacio geográfico regional en el que predominen condiciones para la paz
y la estabilidad política, la democracia y la cohesión social, la
transformación productiva y la inserción competitiva en la economía
internacional compatible con los compromisos asumidos en el ámbito más amplio
del sistema jurídico GATT-OMC.
Los procesos
de integración latinoamericanos han sufrido en su historia una serie de
desafíos debido muchas veces a asimetrías de grados de desarrollo entre países
y áreas, así como a cambiantes situaciones internas y externas. Sin embargo,
parece existir consenso en cuanto a que existe un capital acumulado en cuanto a
percibir los procesos de integración como factor importante de una gobernabilidad
para el predominio de la paz y el desarrollo en un determinado espacio
geográfico. Uno de los desafíos más importantes a partir de la necesidad de
adaptar en forma constante objetivos e instrumentos debido a realidades
cambiantes es, desde el punto de vista de la ESM, el de preservar un cierto
grado de previsibilidad en torno a las reglas del juego y disciplinas
colectivas que se puedan cumplir.
Es por estas
razones y en este marco que, del mismo ámbito de las ONGs interesadas en la
construcción de instituciones jurídicas que aseguren la paz y el estado de
derecho a nivel global, ha surgido una propuesta novedosa e innovadora: la
creación de una CORTE PENAL LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE CONTRA EL CRIMEN
TRANSNACIONAL ORGANIZADO (COPLA) podría ser efectiva en la persecución de
aquellos delitos que se organizan y ejecutan transnacionalmente. Su existencia
no significaría, en ningún sentido, una limitación a las soberanías nacionales
ni a los poderes de los gobiernos latinoamericanos. Por el contrario, su éxito
reforzaría los poderes de gobiernos nacionales hoy erosionados por redes
criminales sobre las que están perdiendo progresivamente el control, y
mejoraría la capacidad de autonomía y autodeterminación de Latinoamérica y de
sus ciudadanos.
Es precisamente
por el espacio abierto por la actual ineficiencia de los gobiernos
latinoamericanos para lidiar con la criminalidad organizada, especialmente en
lo referido al tráfico de drogas, por donde se cuela la intervención de
agencias extraregionales. En cambio, la constitución de la COPLA reforzaría la
capacidad de la región para manejar por sí misma sus propios problemas y
establecería un límite a las injerencias extraregionales en esta y otras
cuestiones. Por otra parte, como ha demostrado el proceso de creación de la
Corte Penal Internacional, casi todas las constituciones y gobiernos
latinoamericanos reconocen el derecho público internacional como parte de su
corpus de obligaciones.
La creación
de la COPLA debería ubicarse en ese mismo contexto jurídico, reforzado por la
Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Transnacional
Organizada y los protocolos de Palermo, a las que nuestros países han adherido.
La campaña para la creación de una CORTE PENAL LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE
CONTRA EL CRIMEN TRANSNACIONAL ORGANIZADO (COPLA) lleva ya cuatro años de
desarrollo. Organizada e impulsada desde una pequeña organización no
gubernamental basada en Buenos Aires, Democracia Global, ha alcanzado
importantes logros. Entre ellas, dos resoluciones parlamentarias unánimes
firmadas por todas las fuerzas políticas argentinas a favor de su creación y la
campaña que la sostiene, y la adhesión de importantes personajes de la política
nacional; entre ellos, muchos pertenecientes al gobierno como la vicepresidente
de la Nación, Gabriela Michetti; los de ministros de Justicia y Seguridad
German Garavano y Patricia Bullrich; y la directora de la oficina
anticorrupción Laura Alonso, además de varios senadores y diputados nacionales
pertenecientes a las más diversas fuerzas políticas.
La campaña ha
logrado además la adhesión de figuras de prestigio internacional pertenecientes
a los más diversos ámbitos,como Mario Vargas Llosa, Edgardo Buscaglia, Daniel
Sabsay Juan José Campanella, Graciela Fernández Meijide, Anthony Giddens, Tonio
Dell’Olio, David Held, Andreas Bummel, Daniele Archibugi, Keith Best, y
Fernando Savater. Son también firmantes del petitorio y sostenedores de la
campaña importantes instituciones de la sociedad civil mundial como la
Coalición por la Corte Penal Internacional, AVINA, el Movimiento Federalista
Mundial, la Comisión por la Carta Democrática Interamericana, FAPLA, la
Fundación Federalista, INCIDE Social, Equilibrium Global y Libera. Por su
parte, el director de la campaña, profesor Fernando Iglesias, ha participado de
diversas actividades referidas a la misma en Santiago de Chile, Lima, Bogotá, y
el Distrito Federal de Méjico.
En las mismas
se ha entrevistado con importantes figuras de la política, la Justicia, la
academia y las organizaciones de la sociedad civil peruanas, chilenas,
colombianas y mejicanas, encontrando en casi todas ellas una amplia
receptividad para la propuesto de la creación de la Corte. Lamentablemente la
carencia de fondos no ha permitido sostener estos contactos a través de la
creación de oficinas y campañas en cada uno de esos países. Otra parte de la
campaña ha comenzado a desarrollarse en el ámbito gubernamental. Durante este
año, la vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti, ha convocado a los
embajadores latinoamericanos a la Casa Rosada para notificarles el apoyo del
Gobierno a la propuesta de la COPLA y convocar al resto de los gobiernos del
continente a participar de su creación.
Durante este
año, también está prevista la presentación ante la comunidad jurídica y
académica argentina, del proyecto de estatuto para la COPLA elaborado por el
grupo Jóvenes Juristas por la COPLA. Durante 2017, se prevé la realización de
un congreso de expertos de toda la región en Montevideo, Uruguay. Quienes
trabajan diariamente en la campaña por la COPLA creen que la misma debería
formar parte de la agenda de todos los ciudadanos latinoamericanos y de todas
las organizaciones latinoamericanas preocupados por la integración regional y
los derechos humanos.
La visión de
la geopolítica de la seguridad supera el enfoque insuficiente de la
criminología crítica y de la gestión técnica en seguridad. Si la problemática
de seguridad es política, por estar vinculada íntimamente a la evolución del
Estado y a los indicadores de estatalidad, la centralidad se aleja del binomio
delitos/delincuentes y se centra en el territorio.
Dos fallos
recientes de tribunales internacionales en 2013 llaman la atención por sus
dispares resultados, pese a que en ambos casos sus decisiones tenían carácter
vinculante para los Estados implicados. En un caso, el Tribunal Internacional
de Justicia de la Haya decidió un conflicto fronterizo entre Colombia y
Nicaragua, favoreciendo a este último; sin embargo, el gobierno colombiano
manifestó que tal fallo era inaplicable, argumentando que la Constitución
Política colombiana solo permite que los límites fronterizos del país sean
modificados mediante tratados internacionales (la Corte Constitucional
colombiana avaló tal postura). En otro caso, el Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, atendiendo un recurso de una mujer condenada por delitos de terrorismo
en España, decidió que se estaban violando los derechos a la igualdad y no
discriminación de esa persona en la aplicación del beneficio de excarcelación;
el Estado español cumplió el fallo y dejó en libertad a la mujer, pese al
repudio generalizado. Estos dos casos demuestran conflictos entre el
Estado-nación y la tendencia globalizadora del derecho. Pareciera que en
materia de defensa del territorio como elemento del Estado, los Estados tratan
de privilegiar su soberanía territorial por encima de los compromisos
internacionales; por otro lado, en temas de derechos humanos se demuestra que la
soberanía nacional cede ante el derecho globalizado, el cual asume un carácter
desterritorializado. Durante las últimas 4 centurias el Estado se convirtió en
el ente monopolizador de los siguientes procesos: a) El monopolio del uso de la
fuerza sobre una población asentada en un territorio delimitado; b) El
monopolio de la producción normativa de carácter jurídico o vinculante; c) El
monopolio de la representación del interés general al interior, y la
representación estatal al exterior como sujeto privilegiado del derecho
internacional. Consecuentemente, la doctrina jurídica ha reconocido tres
elementos básicos para la existencia del Estado-nación: 1) Un pueblo o nación;
2) Un territorio o espacio físico, y 3) Un poder político soberano. Finalmente,
para el logro de sus fines o cometidos ontológicos y axiológicos, el
Estado-nación ha ejercido de manera exclusiva y excluyente ciertas funciones
básicas que implican el ejercicio de potestad o autoridad: funciones públicas
legislativa, administrativa y jurisdiccional.
La
geopolitica durante los últimos tiempos ha generado una serie de cambios
políticos, sociales y económicos a los cuales se ha acomodado la criminalidad
organizada, sobre todo la internacionalización del mercado le ha permitido
mover importantes cantidades de dinero y productos ilegales, además que le está
facilitando grandes posibilidades de disolverlo en complicadas transferencias y
escrupulosos “blanqueos”, lo cual sugiere, la existencia de una red de
corrupción administrativa y policial a nivel nacional e internacional. El
crimen organizado es un fenómeno que reacciona ante un Estado débil y una
sociedad débil, pues sólo frente a una autoridad central frágil es posible la
transnacionalización de las actividades criminales. Asimismo, representa una
amenaza para la seguridad interna y para las sociedades constituidas
democráticamente, lo cual se evidencia ante la continua pérdida de autoridad de
los Estados Nación y, porque en las sociedades convencionales se está dando una
creciente participación de éstas en los mercados ilegales, donde la
criminalidad organizada consigue los recursos financieros para debilitar
posteriormente las instituciones democráticas, ya de por sí frágiles, a través
de la corrupción. No obstante, para Iglesias aunque la United Status Comisión
on Prevention and Criminal Justice diga que “el crimen organizado internacional
podría llegar a ser lo suficientemente poderoso como para imposibilitar el
desarrollo social y económico, atacar la estabilidad de los gobiernos y reducir
su capacidad para alcanzar las aspiraciones legítimas de los ciudadanos”,
resulta exagerado vislumbrar la existencia de una amenaza determinante para el
Estado y la economía, porque más bien lo que los grupos criminales organizados
inquieren es, mayor rendimiento de sus operaciones, y cumplir con su jefe,
independientemente de lo que suceda con el Estado. De tal manera, que la
criminalidad organizada hace uso de procedimientos violentos y bárbaros no para
desestabilizar un gobierno o un régimen institucional estatal, si no más bien
se usa excepcionalmente para neutralizar a sus competidores o a los traidores
de su organización. Entonces, el objetivo no es político, sino la maximización
de las ganancias, y para ello tendrá que conectarse sigilosamente con la sociedad
convencional para no ser detectado por las autoridades, ya que una criminalidad
organizada reconocible es una criminalidad mal organizada
La
Corte Penal Latinoamericana y del Caribe contra el Crimen Trasnacional
Organizado (COPLA)
La Corte Penal
Latinoamericana y del Caribe contra el Crimen Trasnacional Organizado (COPLA)
tiene como objetivo ser una institución de carácter complementario a los
sistemas penales nacionales de los países miembros de la región y de nivel
trasnacional. Su estatuto deberá ser ratificado por las constituciones
nacionales de los países adherentes y los tratados internacionales
preexistentes.
La idea de
los promotores es que “los actores políticos, las organizaciones de la sociedad
civil y la ciudadanía” formen parte de “la coalición latinoamericana y mundial
que lucha contra el crimen organizado”. En esa línea, el norte es perseguir a
las cúpulas de las organizaciones delictivas enfocadas en delitos como el
narcotráfico, la trata de personas y el lavado de activos, entre otros.
Basado en la
Convención de Palermo de la ONU del año 2000, la iniciativa de la ONG
Democracia Global es una Corte Penal que se aboque “exclusivamente” a combatir
a las asociaciones delictivas que actúan de forma regional. Se entiende por “crimen
organizado trasnacional”, según el artículo 2 de la convención, a las
estructuras que actúan en más de un Estado, de manera premeditada para cometer
un delito con penas de más de cuatro años y compuesta por más de tres
delincuentes.
La idea es que
esté basada en los principios fundamentales de la “complementariedad y la
trasnacionalidad” de la Corte Penal Internacional (CPI). Ambas tienen como
similitud la estructura a fin de que sean “una instancia que no reemplaza a los
tribunales ordinarios” sino que actúa posteriormente. La CPI está compuesta por
123 países desde su creación hace 14 años, mientras que la iniciativa regional
está abierta a todos los Estados de América Latina y el Caribe que deseen
formar parte.
Similitudes y diferencias
La corte con
sede en La Haya juzga crímenes de lesa humanidad, guerra y genocidios, así como
también juzgó violaciones y prostitución forzada. En tanto, según su estatuto,
COPLA buscará combatir delitos federales como “el tráfico ilícito de
estupefacientes o sustancias psicotrópicas, la fabricación o el tráfico de
armas de fuego, la trata de personas, el tráfico ilícito de inmigrantes y de
bienes culturales, el lavado de activos y el soborno trasnacional”.
La CPI sólo
puede imponer penas máximas de 30 años de prisión y, de forma excepcional,
cadena perpetua. Mientras que COPLA prevé penas de 4 a 30 años para las delitos
cometidos por las cúpulas de la criminalidad organizada de la región. Un
detalle característico de esta última es que el delincuente deberá “cumplir su
pena en un país diferente al de origen sobre la base de un listado de los
Estados miembro que aceptaron recibir condenados”.
En cuanto a
su composición estructural, la entidad latina prevé que cada Estado miembro
aporte un juez, un fiscal, y que ponga a disposición a una fuerza de seguridad
(por ejemplo, el Grupo Halcón) y una cárcel federal como puede ser el penal de
Ezeiza.
Según el
Estatuto de Roma que rige en el organismo que funciona en Holanda, el tribunal
está compuesto por 18 magistrados y desde el año pasado su presidente es la
jueza argentina Silvia Fernández de Gurmendi. Entre ellos hay miembros de los
cinco continentes, diferente a lo propuesto en COPLA la cual estaría
integrada por países caribeños y latinos. En ambos tribunales, los delitos que
castigan son imprescriptibles.
En tanto, el
tribunal que resolvió el conflicto entre Argentina y Uruguay por la pastera
Botnia, está formado por la Presidencia, la División de Prejuicio, la Oficina
del Fiscal y el Registro. Mientras que no puede haber dos jueces de la misma
nacionalidad y ellos se encargan de elegir al Presidente, mientras que el
Fiscal es elegido por votación secreta por la Asamblea de Estados partes. En la
iniciativa del tribunal latinoamericano, se prevé a 30 países como posibles
miembros, designados con el mecanismo con el cual designan a los integrantes de
las cortes supremas de Justicia de cada país.
El cargo será
de “dedicación exclusiva, independiente, de 7 años de duración y sin
reelección”. En tanto, la elección de los miembros del nuevo organismo
judicial, se deberá buscar un acuerdo ratificado y aprobado por la mayoría
simple del Congreso. En tanto, también se prevé designar a 10 defensores
oficiales con un mandato de 9 años, elegidos por el voto secreto y por la
mayoría absoluta de los miembros de la entidad.
“FBI Latino”
Una de las
nuevas medidas para combatir la delincuencia organizada a la que apunta el
nuevo organismo, es la creación de una Agencia Nacional contra el Crimen
Organizado, la cual compartirá información e inteligencia privilegiada de
los procesados entre los Estados miembro.
La idea es
que la Corte brinde un sistema de monitoreo de la situación de la región sobre
los diferentes tipos de delitos así como el accionar de las cúpulas delictivas
para una correcta y efectiva investigación.
En tanto, se prevé crear un régimen de
protección de testigos, víctimas, peritos y querellantes a disposición de todo
aquel que lo solicite a la nueva entidad regional. La protección estará vigente
desde el inicio del proceso y hasta 10 años después de ejecutada la sentencia.
También se vaticina la elaboración de un fondo fiduciario en beneficio de las
víctimas de los crímenes que COPLA juzgará.
CONCLUSION
Como resultado de la investigación realizada,
se pudo observar que en lo relativo a la Geopolítica Penal en Latinoamérica han
existido avances para la implementación de una CORTE PENAL LATINOAMERICANA Y
DEL CARIBE (COPLA), que busca un ordenamiento jurídico entre los Estados
para controlar los delitos, en este
sentido, los individuos que se encarguen de cometer delitos serán detenidos por
una policía única de Latinoamérica, que será responsable y cumplirá los
requerimientos necesarios para presentar a dichos individuos ante la corte
penal.
Por otro lado es importante que los Estados
tomen conciencia y acciones pertinentes respecto a esta problemática, y así
bajar los recursos que sean necesarios para complementar el proceso de esta
corte penal, así mismo como bajan los recursos en otras organizaciones. Cabe acotar
que específicamente en Latinoamérica, en los últimos tiempos, el crecimiento de
los delitos son cada día más frecuentes, es por ello que la prevención y el
control de los mismos, beneficiarían a los a Estados hasta en su propia
economía.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Miguel Angel Barrios: Profesor
en Historia y Magister en Sociología. Doctor en Educación. Doctor en Ciencia
Política.
Ha escrito obras de
investigación entre las que se destacan "Diccionario Latinoamericano de
Seguridad y Geopolítica” (Director), "Consejo Suramericano de Defensa:
desafío geopolítico y perspectivas continentales" y "Seguridad
ciudadana: de lo municipal a lo Continental".
Profesor en la Licenciatura
en Seguridad en la Universidad de Morón y creador de la cátedra de Seguridad
ciudadana en la Universidad del Salvador. Dicta Seminarios y cursos a academias
policiales de América Latina y es consultor en políticas públicas de Seguridad.
Norberto
Emmerich: Doctor en
Ciencia Política y Licenciado en Relaciones Internacionales.
Ha escrito “Una teoría
política para el narcotráfico”, “Geopolítica del narcotráfico en América
Latina” y “Narcos en Buenos Aires: el caso de la villa 31”.
Profesor de “Seguridad
Ciudadana” y “Política Criminal” en la Licenciatura en Seguridad y Políticas
Públicas de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México.
Fue Decano del Centro de
Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales, Quito, Ecuador
y Coordinador General de Investigaciones en la misma Universidad.
LA CORTE
PENAL LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE CONTRA EL CRIMEN TRANSNACIONAL ORGANIZADO.
UNA PROPUESTA INSTITUCIONAL REGIONAL
PARA UN PROBLEMA DE TODA AMÉRICA LATINA por Fernando A. Iglesias
Latinoamérica se ha convertido en la región más violenta del mundo. Las organizaciones criminales asociadas al narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero, y otros crímenes transnacionales, han alcanzado una dimensión regional y escapado al control de las instituciones nacionales. Una COPLA podría ser efectiva en la persecución de las cúpulas criminales, la confiscación de sus bienes y la desarticulación de sus organizaciones. Para constituirla necesitamos la participación de todas las organizaciones de la sociedad civil, actores políticos, y ciudadanos que sufren las consecuencias del crimen organizado y ven en él, uno de los principales problemas para el desarrollo de la región.
ResponderEliminarLa geopolítica penal latinoamericana,vista desde el punto de vista de la problemática de organizaciones criminales asociadas al narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero, y otros crímenes transnacionales,evasión de la justicia en el paso de fronteras, tala de árboles entre otros aspectos que se han convertido en un potencial riesgo para los Estados y sus habitantes,viene hacer un alto a este flagelo. Sin embargo, pudiera ser una arma de doble filo para la soberanía de los pueblos,ya que hemos observado como países desarrollados han querido tener la hegemonía de otras naciones. La idea de crear este tipo de organizaciones sigue siendo fundamental para la convivencia de los Estados,siempre cuando se respete la diversidad de dichas regiones.
ResponderEliminarEn relación a la Geopolitica penal en latinoamerica, considero que aun hay tela que cortar, es necesario ahondar mas en la estructura funcional de esta, fortalecer las debilidades y aprovechar al maximo las fortalezas y oportunidades para que se puedan establecer buenos criterios al unisono de estrategias para afrontar las acciones delictuales, lo bueno de todo es que latinoamerica esta conformada por paises ciertamente de habla hispana y con casi las mismas caracteristicas de las acciones delictuales. es cuestion de cultura lo que hace que tengamos casi los mismos patrones de conducta, lo que hay que establecer los lineamientos acertados para corregir y sancionar la comision de hechos criminales mediante de la aplicacion de buenas politicas de Estado en conjunto con otros paises.
ResponderEliminarCorte penal latinoamericana un tema bastante interesante y de amplia necesidad de estudio por parte de las naciones, politicos y juristas. Un tema q trae mucha tela que cortar, un grito en silencio de los pueblos, de las sociedasdes, De los sistemas de justcia latinoamericanos. Todo esto por una sola palabra(justicia). la amplia gama de delitos que se cometen en distintos territorios de la america central y del sur an hecho surgir la necesidad de crear esta corte ya que atacaria avestas organizaciones criminales y delictivas. Que cometen delitos transfronterisos y despues se escudan con las legislaciones de otros paises que no contemplan esos delitos en su legislacio o que simplemente las penas son mas bajas q en sus paises de origen. Por ejemplo la trata de blanca un delito tan atroz y hay legislaciones como la de argentina que no la refleja como un delito de pena maxima sino q la contempla como un delito de pena media. Y eso es infame ya que la trata de blanca incluye varios delitos en uno. Como lo es el secuestro la desaparicion forzoza, la prostitucion, violenvia fisica, viloencia psicologica violencia contra la mujer,Dano al libre desembolvimiento de las personas entre otros. por eso y mas una corte penal latinoamericana seria de mucha importancia. Pero tambien digo q si hay corte deberia de haver una fiscalia con amplia actuacion en las investigaciones de orden internacional donde tenga colaboracion de los cuerpos policiales y de investigacion de los diferentes paises. Eso para actuar de forma egemonica con las diferentes legislaciones. Corte penal latinoamericana sumamente necesaria. atentamente estudiante de maestria en derecho penal y criminologia jorge luis nieves sumoza
ResponderEliminarconsiderando el tema de los delitos de fronteras específicamente en latinoamerica , tratando sobre geopolitica,penal desde mi punto de vista para castigar el delito del crimen organizado o delincuencia organizada necesitamos mucho tiempo que recorrer en los pueblos de américa para lograr tener una verdadera indepandencia politica ,economica y juridica si asi lo podemos llamar, ya que la mayoria de nuestras normas del continente tienen sus origen en legislaciones europeas y también el fenómeno cultural latino como la corrupción, porque esos grupos mayormente son de ciertos sectores jerárquicos que operan en complicidad de grupos de poder económicos políticos y sociales y se les es muy fácil su desplazamiento para lograr sus objetivos con éxitos
ResponderEliminarBuenos Dias, la geopolitica penal latinoamericana se reconoce por un enfoque que se vincula a las realidades geograficas y naturales de la region, esto contribuye a que existan nuevas tecnicas de investigacion y mecanismos que expliquen nuevos tipos criminales significativos.
ResponderEliminar